Si no tiene tiempo para leer con calma este comentario, mejor no inicie. Vuelva otro día.
Como me pasó a mí ¿Usted también piensa que las historias tristes de familia, en su familia no van a suceder? Cruce los dedos para que así sea, pero siempre debe estar alerta porque en un país de mierda como el nuestro, la vida es dinámica y muchas cosas que se cuentan en las películas sobre la mezquindad, salieron de la realidad.
Lo que les voy a contar es un primer ejercicio para lo que será mi autobiografía. No sé cuando inicie ese libro pero debo empezar a escribir, para sanar una herida y antes de que pierda la memoria. Ojalá les resulte interesante para entender que la humanidad la construimos todos en cada con uno de nuestros actos.
Con los años fui analizando en detalle cómo funcionaba la familia, mi padre el macho devoto de San Judas Tadeo, fue un gran trabajador, mecánico automotriz de profesión, que centraba su interés en los carros, las mujeres y el licor. Mi madre se dedicó al hogar, apasionada por el fútbol, y una gran conocedora del manejo correcto de la economía doméstica. En casa somos tres hermanos. El mayor como vivió distante de los libros, con dificultad termino una carrera universitaria que nunca ejerció. Su pasión ha sido conseguir el dinero para conquistar a las mujeres. Es un cuca-dependiente y amante de todas las cuestiones místicas del universo. Luego estoy yo, el historiador-pintor, interesado en la lucha por el socialismo y escritor. Por ultimo esta la hermana que no quiso terminar el bachillerato y se fue a los Estados Unidos a encontrarse con su marido para disfrutar las mieles de la sociedad de consumo. Al principio le resultó difícil la vida con tres hijos, mas con los años fue hinchando su ego poco a poco.
En el curso de décadas de esfuerzo se consiguieron unos bienes y según el mérito, a mi hermano le tocó en herencia un apartamento. A él se fue a vivir con la segunda esposa, pero como a ella se le antojo que debían mudarse a uno más grande, cuando se separaron, mi hermano perdió la mitad y le toco meterse en un apartaestudio diminuto y vivir del rebusque.
Luego mi hermana reclamó con escritura su parte de la herencia que fue el apartamento donde vivía con mis padres hasta octubre del 2025. Aquí es importante señalar que ella, como muchos de los que viven en Estados Unidos cuando vienen, se esponjan porque tienen dólares y creen que eso les da derecho a opinar, disponer de la vida y bienes de los demás, pues la soberbia de los “emprendedores” como Donald Trump es el pasto común de los que viven en ese país.
Por mi parte, nunca tuve afán de reclamar nada. El carro al que le invertí parte del dinero de docente no me interesaba porque solo daba gastos. Y la casa de la montaña, que yo cuidaba era el lugar de esparcimiento para toda la familia. Mi hermana nunca tocó esa tierra y mi hermano no supo qué era eso de cortar la maleza, pero como es de mentalidad extractivista, siempre estaba listo para disfrutar de los frutos y a veces llevaba a sus amiguitas de paseo.
De manera que todo iba bien, por décadas se dijo, que la finca y el cacharro sería mi parte de la herencia.
Desde antes de la pandemia la ceguera de mi madre se volvió un asunto que yo debí atender con las tareas de la casa, a tiempo completo por una razón sencilla: La gratitud. Recuerdo que cuando pude disfrute mucho de la vida universitaria, nadando y estudiando un tema u otro. Al regresar a casa siempre estaba lista la comidita. A los viejos no se les cuida porque nos dieran la vida, sino porque cuidaron de nosotros por décadas.
Buscando el bienestar de la vieja intentaba una cosa y luego la otra, pero el encierro me dejaba estrés y ansiedad, en especial por la actitud obtusa de mi padre. Si, deben saber que ser un cuidador es una tarea muy difícil que tarde o temprano nos enferma. Esta fue la lección aprendida. Además, como con el paso del tiempo la vida se complica, la vieja además de deprimida tubo varios accidentes cerebro vascular, el viejo no pudo volver a caminar con libertad, en especial por el miedo a una caída. En consecuencia llevarlos a la casa de la montaña solo me significaba una recarga de trabajo y unos gastos que nadie disfrutaba. En consecuencia resolvimos venderla.
No obstante lo señalado una buena noche después de 20 años sin un correo, llegó esta orden perentoria desde los Estados Unidos “…no me interesan sus explicaciones, como vendió la finca y le quitó el disfrute de los fines de semana a mi padre, desocupe su habitación, en 20 días de plazo y si no, le mando el abogado.”
Plop! Diría el famosos Condorito.
Total, metí unas cosas en una bodega pero cientos de otras que había conseguido con los años, como los libros, se quedaron y como tenía guardados unos euros esperando un viaje, salí rumbo a España a probar fortuna o como un periodo de vacaciones.
Al otro día de la partida, el hermano mayor se instaló en la casa, porque sospecho venía trabajando la idea desde hacía largo tiempo. Después me enteré que con mi hermana arrancaron hasta el último rastro de mi presencia, con la puerta de la habitación incluida, dieron orden de que para una visita mía debía primero solicitar permiso en portería, tiraron a la basura los libros y monetizaron lo que pudieron. El viejo manipulado no dijo nada y la mama ya no estaba en condiciones mentales para opinar.
Varias personas me recomendaron que yo debía demandar a mis hermanos para que reconocieran los años invertidos, pero, por fortuna otras me dijeron: “deje así, no se complique la vida y eche para adelante”.
Al cabo de tres meses regresé a Cali. Alquile una habitación e intente visitar a la mama, pero ya no podía hacer nada, no me autorizaban sacarla del apartamento y la mantienen sedada para que no incomode. Por lo tanto cerré ese capítulo.
Como podrán comprender he omitido muchos detalles importantes, pero lo que quiero señalar es lo siguiente: Ser humano significa ocuparse del bienestar de los demás, sean familiares, amigos conocidos o no. Llevarles un pan de vez en cuando, sentarse a su lado a conversar y no solo ir a visitarlos para sacarles algún provecho mientras miran el teléfono. Si alguna vez le toca cuidar de alguien utilice todas las estrategias de compañía para los dos, como salir a caminar por la mañana y por la tarde, prepararle una aromática, ponerle música, practicar yoga y muchas otras cosas se pueden hacer por ella y por usted. Pocos son los que entienden que la vida es para ayudarnos los unos a los otros desde muy niños, porque el sufrimiento está a la vuelta de la esquina. De un accidente, de una desgracia, del desamor y de las acciones de la gente egoísta nadie está exento.
En tiempos de alabanzas al emprendimiento individualista y la búsqueda de la riqueza personal o eficientismo que deja a la gente sin trabajo, el mejor antídoto es valorar o ayudar (pero no como caridad). No importa que su entorno sea una mierda, dé algo de sí o luche por una causa noble y te sentirás a salvo, satisfecho de verte a ti mismo como alguien bueno. Humano.*